El ahogamiento es una causa frecuente de muerte en niños y adolescentes. La mayor incidencia se produce en menores de 5 años. Los chicos se ahogan en bañeras, piletas, ríos y hasta en grandes recipientes. Cualquier cantidad de agua, aunque se trate de unos pocos centímetros, puede ser peligrosa para un niño pequeño. Está comprobado por estadísticas que en el 75 % de los casos de ahogamiento no se tomó ninguna medida preventiva.

Durante el primer año de vida los chicos no son capaces de protegerse ni siquiera en unos pocos centímetros de agua. El mayor riesgo para ellos está en las bañeras, grandes recipientes y hasta baldes en los que pueden caer.
Los accidentes en las bañeras ocurren generalmente cuando los padres dejan al chico solo, o acompañado por otro niño. En la mayoría de los casos los pequeños se ahogan durante breves períodos en los que falta la vigilancia, a veces menos de 5 minutos, porque la madre, el padre u otra persona mayor van a atender el teléfono, abrir la puerta de calle o a cumplir alguna tarea doméstica.
Nunca deje a un niño solo en la bañera, aunque sea por pocos segundos. Aunque usted tenga dispositivos especiales, tales como timbres o alarmas acústicas, eso no es suficiente para evitar el riesgo. Los niños deben ser vigilados por un adulto durante todo el tiempo en que están dentro de la bañera.
Además, los baldes y otros recipientes comunes en el hogar son también muy peligrosos para chicos de corta edad: a veces ellos quieren mirar qué contienen, con peligro de caer dentro. A esa edad la cabeza es la parte más pesada del cuerpo, por lo que la caída es fácil. Y como los grandes recipientes llenos de líquido pesan más que el chico, no se vuelcan, y por lo tanto no le permiten salir de esa situación. Los padres deben mantener permanentemente la atención sobre sus hijos, sobre todo cuando comienzan a gatear o a trasladarse por sus propios medios.

Las piletas de natación representan la causa principal de ahogamiento durante la edad preescolar. Un chico puede ahogarse incluso en presencia de un adulto. En la mayor parte de los casos los accidentes se producen cuando no hay supervisión del adulto, tanto cuando el niño está fuera como cuando entra a la pileta.
Casi la mitad de los niños pequeños que se ahogan en piscinas fueron vistos por última vez dentro de la casa.
Los chicos pueden fácilmente resbalar y caer dentro de la pileta sin hacer ningún ruido. Sólo se sabrá lo sucedido cuando algún adulto note su ausencia.
Cuidado con la falsa seguridad de que chicos de menos de 5 años hayan aprendido a nadar; si quiere que su hijo vaya a un instituto dedicado a ese tipo de enseñanza elija un programa que no haga necesaria la inmersión de la cabeza.
Además, centre sus expectativas en el juego, el pasatiempo. Después, cuando el niño esté en condiciones y lo desee, entonces sí inclúyalo en el aprendizaje propiamente dicho (lecciones verdaderas de natación).
No olvide que ese aprendizaje no implica que su hijo esté completamente seguro en el agua. Aunque su hijo sepa nadar, necesita ser supervisado, continuamente vigilado. Nadie, niño, joven ni adulto, debería nadar solo.
Recuerde:
La natación y los deportes acuáticos constituyen una buena diversión y un buen ejercicio para chicos en edad escolar. Sin embargo, muchos accidentes ocurren en océanos, lagos, ríos y arroyos.
Nunca deje a su hijo nadar sin la supervisión de un adulto.
Tampoco permita que realice esquí acuático, buceo o snórkel sin instrucción previa dada por un profesor.
Son también riesgosos lugares como zanjas, acequias, pozos, estanques y fuentes. Observe con atención a su hijo si está jugando cerca de ellos.
Enséñele a su hijo estas reglas, y asegúrese de que las cumpla:

Habitualmente los adolescentes y preadolescentes saben nadar, o al menos tienen nociones, pero la mayoría piensa que nada mejor de lo que realmente lo hace, y entonces no valora adecuadamente las corrientes, las profundidades del agua y su propio estado físico.
En esta edad la mayoría de los accidentes suceden en lugares no supervisados, como ríos, diques y estanques, como resultado de lesiones producidas por zambullirse en áreas de escasa profundidad o con objetos flotantes o sumergidos, golpes contra el fondo de la pileta, saltos desde el trampolín, o bien al nadar bajo los efectos del alcohol u otras drogas.
Cada año muchos niños mueren, o sufren accidentes con secuelas neurológicas, debidas a falta de adecuadas medidas de prevención y de la toma de determinadas precauciones. La familia puede, con la debida prudencia, disfrutar del agua y prevenir tales tragedias.