Por primera vez, los Juegos Olímpicos abandonaban Europa.
Estados Unidos se convertía en el primer país no europeo en acoger el mayor acontecimiento deportivo de la historia. Saint Louis era una influyente ciudad, capital del algodón, y con una febril actividad comercial.
Los Juegos fueron una excusa para promocionar la capital y los actos deportivos se convirtieron, de hecho, en una fórmula más para atraer la atención de las distintas ferias que congregaba Saint Louis.
Los Juegos de Saint Louis se convirtieron en un negocio y su excesiva comercialización fue criticada por el propio Barón de Coubertin. Los Juegos se ‘americanizaron’ hasta límites insospechados para la época. La yarda se convirtió, por primera y única vez, en medida oficial. Los negros e indios fueron excluidos de la competición oficial. Los países europeos apenas se atrevieron a cruzar el Atlántico. Sólo concursaron 64 atletas de nuestro continente por 432 norteamericanos. Así no es de extrañar que de las 72 medallas en juego 68 se quedaran en casa.
La natación, cuyas pruebas se celebraron en una piscina improvisada, fue uno de los pocos deportes en los que destacaron algunos atletas no estadounidenses. Los alemanes destacaron con fuerza, especialmente en la prueba de los 100 metros espalda, donde coparon los tres escalones del podio gracias a la actuación de Walter Brack, Georg Hoffman y Georg Zacharias. Completó la actuación su compatriota Emil Rausch, quien fue oro en los 1.500 metros, 880 yardas libres (804,66 m.) y bronce en los 200 metros. El húngaro Zoltán Halmay consiguió dos medallas de oro, en las pruebas de 100 metros libres y 50 yardas libres (45,72 metros). El honor norteamericano lo salvó Charles Daniels quien logró que otras tres medallas de oro se quedaran en el país, las de 200 metros libres, 400 metros libres y relevos de 4x50 yardas libres. Daniels consiguió también una medalla de plata (100 metros libres) y una de bronce (50 metros libres).