El parto en el agua


Autor: Jaime R. Parrondo

1. Nacer en el agua:

parto agua

Dar a luz en el agua, en una bañera-piscina con 5.000 litros a una temperatura de unos 28 grados es tan seguro como hacerlo en tierra firme. Pero, además reduce su duración, hace que la madre tenga más libertad de movimientos y menos dolores, y favorece la transición del bebé del líquido amniótico al mundo exterior.

"Es un modo de humanizar el nacimiento", explica el doctor Pedro Peraza, del Hospital General de Caridad de El Ferrol, ginecólogo especializado en alumbramientos en el agua. "El hecho de que la madre pueda adoptar la posición más cómoda para ella, y cambiarla a su voluntad, hace que se sienta la protagonista del trabajo del parto". Algo similar a lo que opina otro ginecólogo que realiza este tipo de asistencia en Beniarbeig, el doctor Enrique Lebrero, director de la Clínica Acuario: "Un detalle que se ha ido perdiendo es la intimidad del parto. La medicina moderna lo ha convertido en un espectáculo tecnológico, donde la mujer no se puede recoger en su intimidad. El agua facilita ese aislamiento; pero no vale de nada si la siguen incordiando la matrona, su marido, el médico... Ese retiro deja a la madre vivir un poco a su aire la borrachera del parto; libera su cerebro para el trabajo que le espera".

La importancia del agua estriba en que ayuda a la madre a relajarse durante el periodo de dilatación. A medida que avanza el parto, se suceden cambios en los niveles de consciencia de la mujer. Las fluctuaciones de las secreciones hormonales son, probablemente, las responsables de estos cambios al estar relacionadas con el nivel de abstracción. Existe un nivel óptimo de consciencia con el que se logra una secreción de endorfinas, encefalinas y oxitocinas así, todo el sistema endomorfínico y endocrinológico de la mujer se ve modificado en esas condiciones.

2. Fases del parto en el agua:

  • Fase 1 parto

    Imagen 1: La matrona explora a la madre para valorar cómo progresa la dilatación. Además, le coloca unos terminales en el vientre para controlar la frecuencia cardíaca a través de un monitor.

  • Fase 2 parto

    Imagen 2: Cuando el niño asoma la cabeza, recibe la ayuda del médico para salir. No existe peligro de que trague agua, pues tiene oxígeno suficiente para los escasos segundos que está sumergido.

  • Fase 3 parto

    Imagen 3: Para asegurarse la perfecta respiración del recién nacido, es preciso que el ginecólogo realice una aspiración profiláctica de mucosidades en la boca del bebé.

  • Fase 4 parto

    Imagen 4: Primeras bocanadas de aire del exterior para expandir los pulmones. La circulación cardíaca pasa a ser cardiopulmonar, porque hace falta que la sangre reciba oxígeno

  • Fase 5 parto

    Imagen 5: La madre es ayudada física y psíquicamente por el padre, que se introduce en la piscina con ella. Este llega incluso a cortar el cordón umbilical bajo la supervisión del médico.

  • Fase 6 parto

    Imagen 6: La mujer está apoyada en las piernas del padre, sujeta por debajo de las axilas, pudiendo de esta forma separar las piernas y empujar con más libertad para que salga el niño

3. Facilita las posturas instintivas:

El papel principal del agua es ayudar a la madre durante el periodo de dilatación, pero también es un factor importante en el ámbito psicológico, pues facilita que la parturienta, mientras se halla en un estado de semiflotación, adopte posturas instintivas y naturales, lo que le permite alcanzar ese nivel de consciencia.

Los beneficios de la relajación muscular durante el nacimiento y la disminución o casi anulación del dolor durante las contracciones son evidentes, máxime si tenemos en cuenta la ausencia de tratamiento médico durante el parto en el agua. Desde un punto de vista preventivo, hay que tener en cuenta que más de la mitad de las minusvalías físicas y psíquicas de los niños se originan durante las contracciones del parto. Por eso, hay que tratar de evitar en lo posible estas dificultades, lo que se consigue en cierta manera pariendo en el agua, ya que el agua templada facilita la búsqueda de posturas instintivas.

Según relata la protagonista de esta historia, las sensaciones que experimentan son tan agradables como inolvidables, "al ver nacer a tu hijo de una forma natural, sin ningún tipo de complicaciones ni sufrimientos traumáticos para el bebé y sin sentir apenas dolor durante la fase de dilatación".

4. Llegar al mundo es todo un trauma:

La temperatura corporal de la madre, y por tanto del claustro materno, está un grado más alto de lo normal (alrededor de 37º ó 37,5º) por la acción de la progesterona. Por otro lado, el ambiente de un quirófano no supera, normalmente, los 20 grados. Pasar de 37 a 20 grados produce, lógicamente un shock.

Se produce entonces una vasoconstricción periférica para ahorrar calor. Eso es lo que pasa con el niño que nace en un quirófano normal: baja su temperatura 17 grados de golpe y se pone morado.

5. Nada de cambios bruscos:

recien nacido

Además una modificación brusca de la temperatura provoca un elevado consumo de glucosa en sangre. En ese periodo de adaptación, el niño consume gran parte de la reserva de glucosa que trae del vientre materno. El problema es que las neuronas sólo se alimentan con azúcar y, si baja la glucosa, puede haber problemas cerebrales. Si se pasa al niño de los 37,5 grados del útero a los 37 de la piscina, no existe ese problema.

Por otro lado, dentro del claustro materno tiene una circulación cardíaca diferente, porque los pulmones aún no respiran. ¿Qué es lo que hace al nacer?. Respirar para expandir los pulmones. Cambia la circulación cardíaca y pasa a se cardiopulmonar, porque hace falta que la sangre pasea los pulmones. Ese shock también es un trauma fisiológico: esa primera respiración es menos traumática para el niño si pasa por un tránsito intermedio.

Para el profano, el tema de la higiene genera ciertas dudas. "Antes de meterse en la piscina-bañera -aclara Enrique Lebrero- tanto el padre como la madre se han aseado mediante una ducha a fondo. La mujer, además, está preparada como en el parto de quirófano con un enema de limpieza, por lo que no hay defecación. Y por si alguien está pensado en la sangre, nunca, en ningún parto, la hay antes del nacimiento. Cualquier ginecólogo sabe que, a no ser que existan problemas, nunca hay sangre antes de la fase expulsiva".

Después de nacer el niño, en el tercer periodo del parto, al expulsar la placenta, si hay sangre. Se saca entonces a la mujer y la pasamos al sillón de parto que está al lado del quirófano. Si hay algún problema (una compresión del cordón, por ejemplo), como en cualquier otro parto, se la puede trasladar inmediatamente al quirófano para hacer una cesárea, emplear una ventosa o lo que haga falta para ayudar al niño. E incluso, en el momento del expulsivo, si las maniobras van a requerir una atención especial, porque es un niño grande o hay un problema de hombros, en cuanto se llega a la dilatación completa y está a punto de coronar la cabeza, se la acerca al sillón de parto.

6. No se necesita preparación previa:

padres recien nacido agua

En cualquier caso, la protagonista es la madre. Ella es la que decide si entra en la piscina-bañera o no, y, una vez dentro, cuándo desea salir. Lo más interesante de este método es que no se necesita una preparación previa. De hecho, a cualquier embarazada que llegue al hospital para dar a luz se le puede ofrecer meterse, y si no le gusta, se sale. No hay que olvidar que el trabajo de parto dura entre 8 y 12 horas. El periodo de dilatación es lo más largo y pesado; sin embargo, el periodo expulsivo es muy corto. Si todo este proceso puede acortarse, es de agradecer, porque así la madre no se agota y su colaboración es mayor, lo que repercute posteriormente en el recién nacido.

Y no se utiliza, a no ser en algunos casos en que hay una distocia grave, ningún tipo de medicación, aunque se puede poner el goteo dentro del agua, Ésta, por sí sola, estimula las contracciones. Actualmente, se está realizando un estudio sobre la inducción al parto con mujeres que, habiendo salido de cuentas, no acaban de presentar contracciones y que, al meterse en la bañera, se les acelera el proceso. No se sabe por qué: puede ser la presión hidrostática, el calor, etcétera; pero lo cierto es que resulta muy relajante. Incluso remedia muchas distocias: ciertas alteraciones, por ejemplo, de rotación, de pelvis límite, de fetos que no circulan bien por el canal de parto o cuando las mujeres están tensas, se solucionan en el agua.

Hay que subrayar, además, que la posición que adopta la madre en el parto es importante. El cambio de postura en el periodo expulsivo, que durante siglos había sido en cuclillas, se cambió cuando surgió la figura del médico, momento que coincidió también con la aparición del fórceps. Pero esto no se hizo para mayor comodidad de la madre, sino, simplemente, del equipo que la atendía.

7. Ésta es la postura más natural:

A partir de ahí, empezaron a aparecer más problemas, porque la postura boca arriba no es la mejor, como se ha reconocido y subrayado científicamente. Hay factores que influyen, como la compresión de la vena cava inferior, las cilíacas o la arteria aorta. Eso hace que el volumen de sangre por minuto que pasa por el corazón de la madre disminuya, lo que puede afectar en la transferencia placentaria al niño.

"Se sabe que no se debe parir boca arriba, pero aún se sigue haciendo", señala el doctor Enrique Lebrero. "Y es que cambiar la mentalidad y la actitud de toda una serie de equipos médicos que están acostumbrados al parto boca arriba es difícil. Y si bajar a una mujer de la silla de parto a ponerla, por ejemplo, en cuclillas va a costar, meterla en una piscina, como sucede ya con tanta asiduidad en los hospitales del norte de Europa, llevará años...".

9. Sobre los autores:

Jaime R. Parrondo. Artículo publicado en la revista "Ser Padres Hoy", nº 258 - Mayo 1996